AL JUZGADO - Le ética del abogado y su función social
Textualmente: "Don Luis Cabrera Pineda, Procurador, a nombre de Don Rafael [C.G.], conocido por Rafael [C. C.], vecino de Teguise, en los autos de juicio ordinario de mayor cuantía, sobre nulidad de testamento, seguidos con Doña Sebastiana y Doña Luisa [C. B.], de la misma vecindad, como mejor proceda en derecho parezco y digo: Que de la contestación a la demanda se nos ha dado traslado para réplica, y evacuamos el traslado conferido, en la forma regulada en los artículos quinientos cuarenta y ocho y quinientos cuarenta y nueve de la Ley de Enjuiciamiento civil.
"Para ello, fijaremos concreta y definitivamente los puntos de hecho y de derecho materia del debate, sin molestar a las demandadas con expresiones injuriosas ni mortificantes, de tal suerte que, si por esta réplica se sintieran ofendidas, sea ello debido pura y simplemente a la sencilla y verídica relación de hechos que hagamos, o a la contrariedad que en su ánimo produzca la enunciación y razonamiento de los preceptos legales aplicables al caso objeto del presente litigio. Así pues, en este escrito no espere el Juzgado encontrar frases insultantes, como las que se emplean en la contestación, de "bastarda aspiración", "perito en el manejo de falsear la verdad", etc., ni que califiquemos de "libelo" el escrito presentado por la parte contraria. Si así lo hiciéramos, faltaríamos a ciertas reglas por nosotros mismos impuestas y acatadas como normas reguladoras de nuestra conducta, y cuya observancia la tenemos por tan inexcusable, o más si cabe, que la de los preceptos impuestos por la autoridad del Estado. Es cuestión de temperamentos y de apreciación individual, y, en este punto, estamos satisfechos de nosotros mismos, sin que nos seduzcan ni convenzan casos de ejemplos o modelos en contrario para incitarnos al cambio.
"Y dicho esto, que si no es imprescindible lo conceptuamos al menos conveniente en el presente caso, formulamos la réplica articulando los siguientes hechos y fundamentos de derecho."
El texto está sacado de documentos que se guardaban en el archivo de mi bisabuelo, D. Luis Fajardo Ferrer, y es de los primeros años del siglo pasado. La verdad es que no me sorprende esa actitud ética, de construcción de una sociedad más justa con los mimbres del Derecho, que después le llevarían a ser Alcalde de Las Palmas en la época de la II República. No lo conocí, pero he llegado a tener clientes que me han alabado su talante, su rectitud. El abogado al servicio del Derecho y, con ello, de su cliente. Es digno defender a cualquier persona, pues con ello se defiende el propio sistema, pero no lo es saltar la línea técnica para dar la razón a quien no la tiene. Lamentablemene creo que existe demasiado pragmatismo en nuestra sociedad que ha invadido también la profesión de abogado. No se valora lo bien hecho, sino que ganes. Y claro, eso lleva al todo vale.
Así me sorprenden cosas como que se le diga a los imputados que tienen derecho a mentir, cuando lo cierto es que no pueden ser procesados por hacerlo, pero decirles que tiene derecho a mentir es casi alentarlo... La falta de camaradería, de poder ser amigo del abogado contrario (o cuanto menos, tener un trato amigable), se ha perdido, lo que indica un compromiso peligroso con dar la razón al cliente. La lealtad al cliente no puede llegar hasta el punto de recomendarle cómo sortear la Ley. Es verdad que un despacho es una empresa, y que compite en el mercado. Es verdad que existe la creencia en la sociedad de que si tienes un buen abogado puedes hacer lo que quieras. Yo, sin embargo, no lo creo. Eso no quiere decir que no abogue por la más exquisita y feroz defensa, por exigir a la acusación probar con todo detalle sus afirmaciones, por obtener las pruebas legalmente, por exigir respeto a todo ser humano, por luchar contra el bochorno y la vergüenza de unos medios que hasta se permiten hacer películas de delitos que están sub iudice. Creo en el Derecho como única forma de construir una sociedad con una Justicia razonable, que ya es bastante. Y me alegro al constatar la dedicación a las buenas palabras, al gusto por decir con precisión y corrección, a la defensa de sus clientes desde la Ley, de ese hombre que fue mi bisabuelo, y haber visto esa cuestión de talante en mi familia. Lo he vivido siempre así, como cuestión que va más allá del pacto social, como voluntad propia de construir entre todos algo mejor. Estoy seguro de que somos muchos, una mayoría, los que así pensamos, y no podemos permitir que estas prácticas existan, por lo que es necesario dejarlo siempre claro, especialmente con los clientes, y en general frente a todos los operadores jurídicos. Sirvan estas líneas como un aviso a navegantes.

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