LA FALACIA DEL NACIONALISMO CATALAN

Resulta paradójico que el Presidente de la Generalitat Sr. Montilla, andaluz de nacimiento y socialista catalán, que propugna, al igual que Maragall, un Estado Federal, rechace que el Tribunal Constitucional no otorgue eficacia jurídica al término “nación” que consta en el Preámbulo del Estatut, olvidando que Pi y Margall, republicano socialista catalán y fundador del federalismo Español, redactor del Proyecto de Constitución de 17 de julio de 1873, consideró a España inequívocamente como única nación, estableciendo en el art.39 que la forma de gobierno de la nación española es la República federal, y en el artículo 40, que en la organización política de la nación española todo lo individual es de la pura competencia del individuo; todo lo municipal es del Municipio; todo lo regional es del Estado, y todo lo nacional es de la Federación. No aparece en dicho proyecto los términos de nacionalidades, ni de nación de naciones, propio de una Estado confederal, totalmente inconstitucional, que desborda la España Federal de Pi y Margall.
Es muy difícil consolidar el llamado Estado de las Autonomías, y construir en la España Invertebrada, que certeramente describiera Ortega, un Estado Federal, así como hacer una lectura federal de la Constitución Española de 1978, con partidos políticos nacionalistas, cuyo republicanismo blasonan en vano, ya que los modélicos estados federales, como Estados Unidos y Alemania, en los que no existen partidos nacionalistas, se basan en los partidos políticos nacionales y en la “Bundestroi”, principio de fidelidad federal que permite a los Länder alemanes defender sus propios intereses generales con el único límite de no atentar contra los intereses generales de la nación alemana.
No nos engañemos, como ha dicho el catedrático catalán Vicenç Navarro en el diario Público del 24 de junio de 2010: “Las clases dominantes de las diferentes naciones de España se aliaron para derrotar a la República, siendo los nacionalistas conservadores y liberales catalanes de los años treinta los mayores promotores en Catalunya del golpe militar que persiguió con mayor brutalidad la identidad catalana. El retraso social de Cataluña, no se debe exclusivamente o primordialmente al déficit fiscal que Cataluña tiene con el Estado español,- cuyo crecimiento ha sido facilitado por las políticas públicas promovidas por los nacionalistas conservadores y liberales (de reducción de impuestos y de reformas fiscales regresivas), aprobadas en alianza con las mismas clases a nivel del Estado español,- sino que responde a la excesiva influencia política de las clases pudientes en Cataluña que no pagan los impuestos que pagan sus homólogos en el promedio de países de la UE-15. Cataluña, cuyo PIB per cápita es ya el 119% del promedio de los países más ricos de la Unión Europea, es decir, de la UE-15, se gasta en su estado del bienestar (o lo que es lo mismo, su gasto público social por habitante), sólo un 73% del promedio de la UE-15”.
Comparto la tesis de Don José Ortega y Gasset expuesta en su discurso sobre el Estatuto de Cataluña en la sesión de las Cortes de 23 de mayo de 1932:”El problema catalán es un problema que no puede resolverse. No se puede curar lo incurable. Ha existido antes de la unidad peninsular, y seguirá siendo mientras España subsista, por lo que sólo puede conllevarse. No presentéis vuestro afán en términos de soberanía, sino de autonomía, porque entonces no nos entenderemos”.
Manuel Azaña, protagonista con Ortega del debate sobre el Estatuto de Cataluña en la misma sesión parlamentaria, creía que la República conseguirá la unión esencial de todos los españoles al «conjugar la aspiración particularista o el sentimiento o la voluntad autonomista de Cataluña con los intereses o los fines generales y permanentes de España dentro del Estado organizado por la República». Tras la guerra civil, Ortega mantendría el pesimismo mientras Azaña abandonaría el optimismo, al comprobar la deslealtad en la defensa de la República de los nacionalismos vasco y catalán, como lo revela en “La velada en Benicarló (1939)”: «Mientras dicen privadamente que las cuestiones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa en extremar el catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado, encaminándose a una separación de hecho. En el fondo provincianismo fatuo, ignorancia, frivolidad de la mente española, sin excluir en ciertos casos doblez, codicia, deslealtad, cobarde altanería delante del Estado inerme, inconsciencia, traición». El gran estadista e intelectual republicano concluiría que, en Cataluña, la historia no sólo se repite, sino que empeora.
Albert Einstein decía que ”El nacionalismo es una enfermedad, el sarampión de la humanidad”. A pesar de los esfuerzos intelectuales que hago desde que en las aulas universitarias Gumersindo Trujillo nos impartiera su magisterio sobre el federalismo, no logro entender el nacionalismo, en el que militan de buena fe y honradamente no pocos amigos, y menos si se denominan de izquierdas. Karl Marx dijo que “el nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir al proletariado”.
En sus Memorias “Cuando el tiempo nos alcanza”, Alfonso Guerra ha escrito estas palabras que asumo sinceramente: “daría media vida por proteger el derecho que tienen los nacionalistas a defender sus ideales, pero me reservo la otra media para poder combatirlos democráticamente”.
Eligio Hernández
Fue Fiscal General del Estado.
Magistrado, actualmente es abogado en ejercicio.
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